María Consuelo Córdoba, reconocida figura en la provincia del Guayas por su lucha pública, ha reiterado su solicitud de eutanasia. Esta decisión representa un giro significativo en su trayectoria, ya que en 2017 la activista hizo una promesa formal al Papa Francisco de no morir mediante este procedimiento. Sin embargo, tras 26 años de vivir con las secuelas de un ataque con ácido y someterse a 87 cirugías, ha vuelto a exigir esta opción como vía para poner fin a su sufrimiento.
El caso de Córdoba ha sido ampliamente seguido en Guayaquil y sus cantones, donde se ha convertido en un referente sobre los derechos de las personas con discapacidad y la calidad de vida. La renegociación de su postura frente a la muerte asistida contrasta con el compromiso ético que asumió hace casi una década ante la máxima autoridad de la Iglesia Católica, evidenciando la complejidad de su situación médica y personal.
Esta actualización en la posición de la activista reabre el debate sobre la eutanasia en Ecuador, un tema que ha generado discusiones profundas en la sociedad guayaquileña. Mientras la comunidad local sigue de cerca los detalles de su salud y sus demandas legales, se mantiene el interés por conocer cómo las autoridades y la sociedad civil responderán a este nuevo escenario tras más de dos décadas de lucha pública.